Recuerdo las noches de desvelo
que me sentaba a escribir.
Una voz me recitaba al oído
palabras que volcaba en el papel,
yo solo era un médium
de esa musa.
Con una rapidez inusual
las palabras caían
una tras otra en el papel.
Pasó una década de aquel
encuentro de madrugadas.
Mi musa ya no está aquí
¿adonde habrá ido?
¿Estará descansado en
el oído de otro escriba?
¿O se abra agotado
de que postergue
las cosas que me contó?
¿Será que ella solo me acompaña
cuando aparece la soledad
en mi vida?
¿Se acordará de mi?
Estoy más viejo
Pero no más sabio.
Soy solo un tonto
que la extraña.